¡Ostras, el Pescado es Mío!

Se baña con el rocío la mañana,

se seca al sol de mediodía,

se rodea de la brisa

que acaricia,

y va arrullándola sin prisa,

como si fuera el cariño

interminable de un niño,

que perdona sin prejuicios

y que sinceramente ama…

Pero esa gata encaprichada,

que no comparte lo que come,

ni a sus crías las acaricia,

al contrario, a ellas se impone…

¡Ostras! este pescado que tengo,

que fue pez en el pasado,

pronto lo habré digerido…

y vosotros a mi lado,

estad tranquilos mis pequeños,

que los huesos os daré

cuando me bañe mañana,

con el agua del rocío,

con el agua del rocío,

gatitos míos…

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