“A ti, Para que te Cagues en el Profe que te Impone la Rima”

Hoy pensé en como definen, los supuestos “poetas,” al arte de la poesía. Me vino a la mente, pues tengo un querido amigo del alma y de toda la vida, que dice que la poesía es algo dificilísimo y que toma largas décadas de, lo que el llama aprendizaje…y yo un suplicio…para poder escribir como lo hacían, con tanta arte, los poetas griegos, romanos, los clásicos y luego los renacentistas, los italianos e hispanos, después los románticos, británicos, franceses y alemanes. La poesía, como expresión artística, creen los que piensan como el, es una expresión culta y burguesa, regida por inmutables reglas y los poetas tienen que obedecerlas como un monje trapista a su Abad Superior y además, están las escuelas y las influencias de las épocas que surgen y desaparecen, ad nauseum, a través de los años…

Y yo digo ¡pamplinas! ¡Al carajo con tanto rigor y con tantas limitaciones! La poesía no es propiedad de los educados y cultos, ni de los profesores, ni de las academias. El poeta es el guerrillero popular y el poema es su arma…el arma del pueblo. Se tiene que escribir con la boca de los miserables y con su mal aliento y el sudor del obrero. Su rima es la que hace bailar al duende que entretiene a los analfabetos, total, si la cosa es bailar, que bailé el erudito y el docente, tirios y troyanos.

La poesía tiene que permanecer patrimonio del pueblo pues es expresión popular y por necesidad, tiene que estar al alcance de todos. No es ejercicio académico, ni tampoco la doncella huesuda que estimula la masturbación mental de intelectuales pringaos. Al contrario, la poesía es el tío musculoso que juega fútbol descalzo en la calle, no el afeminado enfermizo, que alzando el dedito meñique, se lleva a sus labios blancos y pálidos, la tácita de te a las cinco. El poeta no puede hablar como habla esa gente, ¡jamás! Tiene, obligadamente, que hablar con el acento del pueblo, con las simples palabras que entendiéndolas igual el lechero o el alcalde, penetran en el corazón de todos por igual.

¡Que reglas ni leyes ni pentámetros iambicos ni ninguna de estas limitaciones académicas! ¡Por eso es que nadie lee! Los pálidos peces que nadan por los pasillos mustios y oscuros de las universidades, los que creen controlar y con formas burguesas se disponen a relatar lo que creen son emociones y sentimientos, no quieren que el pueblo comparta esta expresión artística, por eso resulta que sólo escriben idioteces que entre ellos comparten y luego se dan mucha coba, los unos a los otros, pensandose bohemios y locos. ¡Que burda manera de glorificar el alto valor del aburrimiento!

¡La poesía es del pueblo! ¡No tiene ni reglas ni estilo! Y sobre todo, para escribir un poema no hay que saber nada en particular, sólo hay que expresarse…y que no me digan que para derrumbar las reglas académicas que inventaron para la poesía hay que primero saber construir con ellas porque eso no tiene sentido. Quizá la música, que tiene una métrica calculada con precisión matemática…y no, ¡tampoco! Los grandes del jazz han demostrado que la música tampoco se limita a las rigideces del estilo, ni tiene que tener compás ni siquiera melodía y que sepan los apóstoles del academicismo que muchos de los genios del jazz jamás fueron a escuela de música alguna y muchos ni sabían…como el mismo genio, creador del jazz moderno, Luis Armstrong…leer un pentagrama, pero ese detallé no le hizo menos genio ni menos músico.

La poesía carga su rima, pero la rima es la crónica de los ritmos del pueblo que no siempre marchan con el mismo compás. El tambor, que nos hace reír o nos hace llorar, no se toca para crear un solo ritmo y la melodía, por ejemplo, del cante jondo, no se interpreta contando sus notas…el ritmo popular es vulgar y chancletero, impetuoso y espontáneo, pues por más que queramos seguir ordenadamente nuestros esquemas y planes, la vida se impone y tenemos que saber improvisar…como lo hace el jazista o el buen poeta.

Espero que todos los poetas, los que realmente comprenden que el arte es como la naturaleza y no la imitación de ella, se aparten de las palabras arcaicas y rebuscadas y de las estructuras métricas y del contar las sílabas de los versos y estrofas…es más, yo diría que ni la puntuación es necesaria…pues, al hablar, uno no usa ni puntos ni comas, así que al poetizar, quizá no debe uno hacerlo tampoco.

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